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22 de agosto de 2018

Apoyar preferencias que implican riesgos. Por Teresa Martínez



     La Atención Centrada en la Persona busca apoyar la autonomía de las personas y ello implica asumir ciertos riesgos en el cuidado y en la vida cotidiana. El riesgo es algo inherente a la vida y al desarrollo personal. Vivir conlleva siempre riesgos.

     Este planteamiento, en el contexto de cuidados a personas en situación de fragilidad o dependencia nos enfrenta a situaciones complejas.  En la asistencia cotidiana en centros y también en casa se producen situaciones en las que tomar decisiones, o dejar que las personas decidan, no es tan fácil. Situaciones donde entra en conflicto la libertad de la persona con su seguridad (o la de otros). 

     Como profesionales tenemos la obligación de proteger a quienes están en una situación de alta vulnerabilidad y evitar el daño. Surgen preguntas:  ¿evitar todos los riesgos es posible? ¿cómo? ¿siempre? ¿cuándo? ¿a costa de qué? Nos movemos entre la obligación de no maleficencia, la promoción de la autonomía y la búsqueda del bienestar subjetivo de la persona. Objetivos todos ellos importantes en el cuidado. 

     Sin pretender solucionar este nudo, me gustaría en este post compartir algunas reflexiones.


Apoyar las preferencias que implican riesgos, un proceso importante en la aplicación de modelos ACP,  individual y único

     Las situaciones que afectan a la seguridad de las personas que cuidamos nos producen temor. A las familias y también a los/as profesionales. Tendemos a buscar respuestas que nos den tranquilidad, tomando en ocasiones como criterio único la seguridad y optando  por las soluciones uniformes o protocolizadas (si tienen demencia no pueden salir solos nunca, si tienen riesgo de caerse se aplica el protocolo de sujeción física, si beben en exceso se les prohíbe el alcohol…).

     Se observa  la  tendencia a  tomar medidas idénticas ante situaciones que catalogamos como semejantes aunque en realidad no lo sean. Esto nos lleva hacia actuaciones poco personalizadas y, por tanto, con alta probabilidad de resultar poco acertadas. La idea del protocolo de actuación uniforme aquí no vale. Tener un  protocolo “a seguir”, que nos diga qué hacer ante una situación difícil, nos tranquiliza además de justificar ante los demás y ante nosotros mismos lo que hacemos (aun cuando no acabemos de verlo del todo bien...).


     No podemos perder de vista que, en ocasiones, para evitar un daño podemos estar provocando otro, incluso mayor. Las  medidas que buscan garantizar la seguridad no son siempre inocuas (véase el caso de aplicar sujeciones o el ingreso forzoso en un centro residencial) y pueden llegar ocasionar un daño emocional de difícil reparación.


     Por tanto, una primera conclusión es que ante las preferencias de las personas que impliquen riesgos es imprescindible actuar siempre de una forma absolutamente personalizada. Se trata de buscar y encontrar para cada situación, para cada persona, la mejor opción entre las posibles equilibrando los objetivos anteriormente mencionados. No sacrificando siempre, por sistema,  la autonomía y el bienestar por la seguridad.

     Algunas consideraciones y recomendaciones de interés: 

1. Es indispensable realizar siempre un análisis individual, centrado en cada persona, en cada contexto, en cada situación. Considerando las características individuales, sus preferencias y deseos, conociendo cuán importante es esa preferencia y por qué, qué riesgos pueden ser asumidos y cuáles no, identificando y analizando las alternativas posibles y los recursos existentes.

2. Cuando la preferencia implica riesgo solo para la propia persona deberemos valorar su competencia para asumir dicha decisión o acción.  Cuanto mayor riesgo entraña la preferencia para la persona (para su salud, para su integridad) mayor competencia personal se requiere. Cobra fuerza la decisión de la persona cuando ésta es consciente y aprecia la situación, cuando está bien informada, cuando valora los beneficios y riesgos de las alternativas, cuando asume la responsabilidad y posibles consecuencias de su decisión y cuando no actúa bajo coacción.

3. Es necesario valorar  las distintas alternativas, sopesando sus  ventajas e inconvenientes en relación a la seguridad pero también en relación al bienestar de la persona y a sus valores de vida (autonomía).

4. Deberemos explorar y encontrar opciones prudentes. Puede ayudarnos a ello descartar los cursos de acción extremos  y optar por los intermedios y que sean posibles de llevar a cabo. 

5. Es necesaria una disposición de escucha y de búsqueda de consenso. Eso requiere además de disposición, tiempo de escucha y diálogo. Cuando se opta por apoyar preferencias que implican algunos riesgos es necesario consensuar  las medidas y acciones a realizar con la persona y, en su caso, con la familia. Se recomienda documentar y firmar los acuerdos a los que se lleguen.

6. Es importante evaluar y revisar las medidas acordadas. Tanto cuando se acuerde apoyar preferencias con riesgos como desestimarlas. Las medidas son algo temporal, no deben tomarse como algo invariable y para siempre.

     Resulta de especial interés la guía elaborada por la Rothschild Foundation donde se analizan estas situaciones y se propone una secuencia que puede ayudar a ordenar un proceso de apoyo a las preferencias que implican riegos en entornos residenciales.  Una línea de actuación clave, a mi juicio, para todos los servicios que quieran avanzar en la ACP.



     También os dejo el enlace a un documento titulado Buena praxis profesional en algunos asuntos relacionados con la promoción de la autonomía y autodeterminación de las personas usuarias con discapacidad o dependencia. Un trabajo que tuve el enorme placer de coordinar hace ya unos años y que fue elaborado por un grupo interdisciplinar de profesionales de servicios sociales de Asturias comprometidos con la ACP (grupo Zona Calidad).



Los límites de la autonomía



No podemos pensar que la ACP es dejar que toda persona haga lo que en cada momento quiera. Como señalaba en un post anterior de este blog, Qué es y no es Atención Centrada en la Persona, la autonomía tiene límites.

     Los deseos y elecciones de las personas no pueden entenderse como algo infinito. Nuestros derechos y el ejercicio de nuestra libertad se ve acotada por los derechos de los demás.  En todos los lugares: en la propia casa, en una residencia, en el trabajo. No todos nuestros deseos son posibles ya que vivimos en relación con otras personas y en unas condiciones determinadas, muchas veces no elegidas en su totalidad.  

    El apoyo a la autonomía hemos de  considerarlo junto con el respeto a los derechos de los demás y con nuestro deber, como profesionales, de proteger a las personas a quienes atendemos.

     Habitualmente se señalan tres situaciones que limitan la  autonomía personal:

a) cuando hay un riesgo de daño claro e importante para la persona.
b) cuando hay riesgo de daño para otras personas.
c) cuando se produce un reparto no justo de  las atenciones en personas con necesidades similares. Esto no es contradictorio con la discriminación positiva que prioriza y justifica un reparto beneficioso de atenciones a las personas que parten con desventaja o en situación de mayor necesidad.

     Sin embargo, hay ocasiones en que las preferencias o deseos de las personas se restringen o se desechan no por un tema de seguridad, sino porque la organización del centro o servicio no lo permite (falta de medios, de preparación, de ganas, porque siempre se hizo así…).  Deberemos entonces reflexionar sobre si estamos ante una imposibilidad real o es algo que con mayor flexibilidad, modificando normas que no tienen una clara justificación  o haciendo mejor lo que sí que está en nuestras manos se pueden lograr cambios que permitan ganar en calidad de vida para las personas. Porque en ocasiones, lo que decimos que no es posible es solo una excusa. Porque cambiar nos cuesta a todos. En todo caso, lo que no sea posible hoy deberemos tenerlo en cuenta como posibilidad de mejora para un futuro.



Buena praxis cuando hay que restringir la autonomía

     En algunas ocasiones será necesario restringir la libertad, no apoyar ciertas preferencias o no permitir ciertas decisiones. Por ejemplo, no dejar salir a la calle a una persona que sabemos que se pierde con total seguridad en un entorno peligroso, dar un baño si la persona está muy sucia, utilizar sujeciones físicas cuando haya un riesgo importante de caída y no se hayan podido encontrar otras alternativas, etc.

     Entonces es muy importante saber cómo hacerlo ya que no todas las formas de limitar la libertad de la persona son iguales ni tienen los mismos efectos.

     Algunas pautas:

- Informar  a la persona o, en su caso, a quién le representa sobre  los motivos por los que sus deseos no pueden verse satisfechos.
- Si limita la libertad de acción, informar en qué afecta a la persona, cómo se va hacer, los tiempos y el modo de seguimiento de las medidas a aplicar.
- Consensuar todo lo posible.
- Procurar medidas compensatorias que reduzcan su malestar. En personas con deterioro cognitivo es especialmente importante utilizar técnicas de cuidado centrado en la persona.
-Mostrar respeto, empatía y calidez. Restringir no tiene que conllevar necesariamente una actitud fría, impositiva o dura.
- Revisar la medida cada cierto tiempo. Que haya alguien específicamente destinado a este seguimiento.

Formación en métodos de deliberación ética

     Para contemplar las preferencias que implican riesgos es indispensable la formación en ética de los profesionales que intervienen y atienden a las personas en situación de dependencia.

     Esta formación, además de ofrecer un marco conceptual referente que orienta la buena praxis profesional, permite desarrollas habilidades relacionadas con la deliberación. El uso de métodos deliberativos conduce de una forma operativa la reflexión y la toma de decisiones. La deliberación ayuda a los equipos a tomar decisiones prudentes, orientadas desde principios éticos ante situaciones ciertamente complejas que suelen generar gran incertidumbre (y con ello ansiedad) en la atención cotidiana.


     Gestionar la incertidumbre es una habilidad clave en el profesional  de la intervención social, en sus distintas responsabilidades (directores de los servicios, técnicos,  personal auxiliar, etc.).

     La realidad humana y social es siempre compleja. Trabajamos con personas, con grupos, en contextos socioculturales diversos y cambiantes. Ello tiene una parte muy positiva en cuanto que apoyar la vida de otras personas es un privilegio y resulta enriquecedor ya que nos permite plantearnos nuevos retos. Pero también nos enfrenta a situaciones únicas, duras y complejas que requieren madurez, estar actualizados, flexibilidad y saber gestionar nuestras emociones. 

     Reflexionar, deliberar en equipo y tomar las mejores decisiones posibles para cada persona y en cada situación reduce la incertidumbre y nos hace crecer como personas, profesionales, equipos y organizaciones.


28 de enero de 2018

Evidencia empírica y Atención Centrada en la Persona. Por Teresa Martínez



     

     Antes de que finalice este primer mes del 2018 quiero desear a todos los lectores y lectoras de este blog un buen año. Un año que nos conceda la oportunidad de hacer a los demás un poco más felices y, así, serlo nosotros mismos.

     En esta entrada quiero destacar, una vez más, la necesidad de que el progreso hacia la ACP se realice con autenticidad y con rigor. Para ello, además de honestidad, creencia y compromiso, es indispensable acudir al conocimiento, dentro del cual la evidencia empírica desempeña un papel muy relevante.

     A lo largo del pasado año he impartido en España y también en diferentes países de Latinoamérica, cada vez más interesados en el cambio de paradigma en la atención a las personas mayores, distintas conferencias dando a conocer las aportaciones de la ACP y las evidencias científicas que avalan estos modelos de atención. En todas ellas, antes de relatar los principales resultados de la investigación sobre la ACP y sus aplicaciones, he compartido una reflexión inicial que considero importante para situar de una forma adecuada el papel de la evidencia empírica en relación a esta visión de la atención. Quiero, también, exponerla en este blog.



El papel de la evidencia científica

     Sin restar importancia al papel que debe tener la investigación y la indudable necesidad de avanzar consolidando prácticas basadas en la evidencia, no hemos de  perder de vista que lo que la ACP persigue, en su esencia,  es la corrección ética del cuidado.

     Es decir, la principal fundamentación de la ACP es de naturaleza ética,  en cuanto que es un enfoque que parte  del reconocimiento de la dignidad de toda persona, con independencia de su edad, estado o circunstancias, que busca y exige un trato respetuoso mediante de intervenciones profesionales que se orientan desde valores determinados.



     La ética es la que, por tanto, refiere el QUÉ de la atención centrada en la persona, es la que define su enfoque señalando el conjunto de valores orientadores del buen hacer en el marco de la intervención social y de los cuidados. Lo hace desde una  reflexión del POR QUÉ de su bondad, es decir desde la búsqueda del bien o la mejor vida posible para las personas precisan cuidados, así como de quienes los dispensan,  por tanto, de personas que en el marco de los cuidados personales se relacionan y conviven.

     Por su parte, la evidencia científica, como uno de los tipos de conocimiento (importante,  pero no el único), aporta datos y conclusiones que pueden y deben orientarnos sobre la efectividad de los modelos e intervenciones afines a la ACP en relación a objetivos propuestos, sobre los modos más eficientes de lograrlos y también sobre las desviaciones o efectos negativos no esperados. Nos puede orientar, fundamentalmente, sobre el CÓMO aplicar una atención alineada con el conjunto de valores que promulga el enfoque ACP.

     Desde esta argumentación, la  ausencia de resultados estadísticamente significativos sobre la efectividad de algunas aplicaciones o intervenciones ACP no deberían conducir a un directo, sin matices, cuestionamiento del QUÉ. Este es un riesgo que en ocasiones se vislumbra cuándo buceamos en la búsqueda de evidencias que apoyan la ACP. 



     
     Pongamos, para que se entienda mejor lo que quiero decir, un ejemplo, tal vez algo extremo. ¿Tendría sentido cuestionar la adecuación de medidas que garanticen la privacidad en el aseo de las personas con demencia avanzada si los estudios realizados no llegan a mostrar efectos en la mejora del nivel funcional de las personas?

     Sin entrar en las dificultades metodológicas que entrañan estos trabajos, que no son pocas, como mucho podríamos concluir que las medidas incorporadas no muestran estos efectos directos en las personas con demencia avanzada. Quizás deberíamos buscar otros objetivos/resultados que tengan mayor sentido; quizás indagar en el cambio que estas medidas hubieran podido tener en las actitudes y trato de los profesionales, cuestionar el modo de la intervención, etc., etc. Lo cual es algo muy diferente a invalidar la corrección ética de estas medidas.

     Creo que es una reflexión necesaria para adentrarnos en el terreno de la búsqueda de la evidencia empírica en la ACP. Para así acercarnos con una perspectiva que nos permita interpretar adecuadamente los trabajos y estudios que detallan y  analizan los efectos de modelos y aplicaciones afines a la ACP.


La investigación sobre la Atención Centrada en la Persona

     La ACP está siendo objeto de un creciente interés en el campo de investigación tanto en el ámbito sanitario como social. Cabe hacer mención a tres de las líneas de estudios que están siendo desarrolladas.

     La primera línea de investigación se dirige a definir, en distintos contextos aplicados las propuestas y componentes de este constructo. Su principal interés radica en la gran relevancia que tiene llegar a definir  de una forma operativa la ACP en cada ámbito aplicado describiendo los componentes de mayor peso según la misión u objetivos de los servicios. Cabe destacar el trabajo del panel de expertos propuesto por la American Geriatrics Society con el objetivo de consensuar una definición y los elementos principales del enfoque ACP en la atención geriátrica de crónicos (The American Geriatrics Society Expert Panel on Person- Centered Care, 2016).


          
     La segunda línea de investigación concierne al análisis de las relaciones entre características de los servicios (diseño arquitectónico, características  del centro, criterios organizativos y metodológicos, etc.) y ACP con el propósito principal de identificar elementos que facilitan y obstaculizan la implementación de estos modelos de atención. Para conocer algunos facilitadores de la ACP en los servicios gerontológicos se puede consultar el documento La atención centrada en los servicios gerontológicos: modelos de atención y evaluación (Martinez, 2016).

     La tercera línea de investigación pretende dar cuenta de los efectos de la aplicación de estos modelos e intervenciones en distintos contextos (salud, servicios sociales, cuidados de larga duración) en las personas (personas usuarias, familias, profesionales) así como en la propia organización. Es a la que me refiero a continuación resumiendo algunos de los hallazgos hasta ahora encontrados en los estudios que han sido realizados.


Algunos resultados sobre los efectos de la ACP

     En estos últimos años se han incrementado notablemente las publicaciones científicas dirigidas a conocer los efectos de las aplicaciones afines a la ACP en distintos contextos de cuidados.

     En el campo de la salud y los servicios sanitarios, resultan de especial interés las publicaciones de Nacional Voices (2011 donde se revisó un importante número de estudios relacionados con cinco elementos clave en la ACP en salud: a) el autocuidado, b) las decisiones compartidas, c) la experiencia del paciente en consulta, d) la información y comprensión del paciente y d) la  prevención. Para cada uno de ellos se detallan los resultados encontrados distintas intervenciones, señalando si se evidencian mejoras en relación al grado de conocimiento de los pacientes, a su satisfacción, al uso y coste de los servicios y a datos objetivos de salud. Los resultados apuntan, en general, lo beneficioso de este tipo de estas aproximaciones y especialmente de algunas de las intervenciones evaluadas.

     En relación a las evidencias de aplicaciones de la ACP en servicios gerontológicos cabe mencionar el trabajo realizado por Brownie y Nancarrow (2013) donde se analizaron intervenciones llevadas a cabo en alojamientos enmarcados en el modelo hogareño. Esta revisión destaca que en los centros acogidos a la Alternativa Eden se describen mejoras en el estado de ánimo de los residentes - disminución del aburrimiento y del sentimiento de desesperanza-, así como una reducción de la depresión; y que además en otra investigación sobre el modelo Green Houses se identifican mejoras de la calidad de vida percibida en los residentes alojados en estos centros frente al grupo control (modelo residencial institucional).

     En el trabajo anteriormente citado (Martínez, 2016) tuve la oportunidad de revisar distintas aplicaciones ACP en contextos residenciales, incluyendo tanto estudios transversales (comparan centros residenciales institucionales con modelos hogareños) como estudios longitudinales (centros evaluados antes y después de llevar a cabo un proceso de formación y aplicación de la ACP). En esta revisión se concluye, en general, el hallazgo de distintos beneficios tanto para las personas mayores, como para las familias y para los profesionales de atención directa.  

     En las siguientes tablas  se resumen los principales efectos encontrados (las referencias completas de los estudios citados pueden ser consultadas en la  revisión anteriormente citada). En color verde aparecen destacados los estudios que encuentran resultados estadísticamente significativos y en negro los que no los han encontrado.

Efectos de aplicaciones ACP
en  personas mayores 



Efectos de aplicaciones ACP
en familias

Efectos de aplicaciones ACP
en profesionales












     Estos resultados avalan la bondad de las aplicaciones ACP y muestran algunos de sus efectos positivos. Sin embargo, es necesario disponer de mayores evidencias que vayan dando cuenta de los resultados encontrados concluyendo beneficios, pero también identificando las intervenciones más eficaces según los distintos contextos de cuidados.

     Para todo ello es recomendable partir de modelos e instrumentos validados y adaptados a las distintas realidades culturales. Solo así podremos  evaluar con rigor el grado de ACP dispensada en los centros. 

     Este es el objetivo principal del proyecto que en la actualidad me ocupa en colaboración con el grupo de investigación “Evaluación Psicométrica” de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo:  la validación del modelo ACP-gerontología, un estudio en el que están participado más de 40 residencias de distintas comunidades autónomas. La Revista de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría ha publicado recientemente un artículo donde se describe este nuevo modelo. 

     Aprovecho este espacio para expresar mi agradecimiento a todas las residencias (a sus responsables, a los profesionales, a las personas mayores y a las familias) que están participando en este  estudio. Gracias por su tiempo, por su magnífica respuesta y por su compromiso con la mejora de la calidad de la atención.



Avanzar hacia la Atención Centrada en la Persona precisa incorporar en la atención cotidiana buenas praxis profesionales y organizacionales fundamentadas en la ética y diseñadas desde el conocimiento científico



Referencias

National Voices (2014).  Prioritising person-centred care. UK: National Voices.  
Brownie, S., & Nancarrow, S. (2013). Effects of person-centered care on residents and staff in aged-care facilities: a systematic review. Clinical interventions in Aging, 8, 1-10.
Bergman-Evans B. (2004). Beyond the basics: effects of the Eden Alternative model on quality of life issues. J GerontolNurs. 30, 27–34.
Robinson, S.B., &Roshe, R.B. (2006). Tangling with the barriers to culture change: creating a resident-centered nursing home environment. J GerontolNurs, 32, 19–27.
Kane, R.A., Lum, T.Y., Cutler, L.J., Degenholtz, H.B., & Yu, T.C. (2007). Resident outcomes in small-house nursing homes: A longitudinal evaluation of the initial Green House program. Journal of American GeriatricsSociety, 55, 832–839.
Martínez, T. (2016). La atención centrada en la persona en los servicios gerontológicos. Modelos de atención y evaluación. Madrid: Fundación Pilares para la Autonomía personal.

25 de noviembre de 2017

La familia en la residencia. Por Eloy Ortiz





PRESENTACIÓN

    La atención centrada en la persona considera a las familias de las personas mayores como “aliadas” indispensables en el cuidado profesional. Cuando la persona se va a vivir a una residencia, la familia debe tener la opción de seguir estando cerca y cuidando, siempre que la persona mayor así lo desee. La relación y colaboración que se construya, depende en gran medida, del modo en que desde el centro se ve y se acoge a las familias.

     En esta entrada Eloy Ortiz, médico y director de la Residencia Sierra del Cuera (Posada de Llanes, Asturias), comparte su dilatada experiencia en el ámbito residencial destacando algunos aspectos clave para conseguir una buena cooperación centro-familia. Eloy ha compaginado su labor gerencial y asistencial con una importante formación humanística. Es máster en gerontología, máster en atención integral y centrada en la persona y  especialista universitario en humanización de la salud.

     Muchísimas gracias Eloy por tu presencia en este blog y especialmente por demostrarnos en el día a día que el camino de la atención centrada en la persona es posible en un entorno residencial. Gracias por tu honestidad, por tu buen hacer y por tu gran compromiso. Gracias por demostrar que el camino hacia la ACP no solo genera bienestar a las personas mayores, sino también a las familias y a los profesionales. Bienvenido a este espacio, es un gran privilegio contar con tus aportaciones.






La familia en la residencia

Por Eloy Ortiz, médico y director de la

Residencia Sierra del Cuera



     Un referente típico de la deficitaria cultura gerontológica se plasma en el pensamiento de que con la institucionalización la familia deja de ser primordial. Sin embargo, es necesario que frente a este posicionamiento, se desarrollen procedimientos que sean capaces de visibilizar la importancia de la familia en la residencia. Es obvio, que frente a actitudes que ignoran a la familia del residente, se contrapongan posturas integradoras en la que ésta sea considerada como un recurso insustituible.

     Los modelos de Atención Centrada en la Persona defienden que las familias deben ser los grandes “aliados” en el cuidado, sin que por ello la persona mayor pierda su papel de agente principal y, con ello, se vea mermada su  autonomía. Objetivo que no siempre resulta fácil ya que partimos de una cultura paternalista hacia las personas mayores donde tanto profesionales como familias tendemos a decidir  por el bien de ellas pero sin ellas.

 
Vida cotidiana entre residentes y familias
en la Residencia Sierra del Cuera

     No podemos ni debemos abstraernos a la idea de que los cambios en uno de sus miembros van a conmover toda la estructura familiar. Es por este motivo, que debemos partir del conocimiento no sólo de la persona mayor, sino también de su núcleo familiar. Constantemente se alude a la repercusión que la personalización de la atención tiene para el bienestar de la persona mayor, pero a esta condición se le deben superponer las peculiaridades y características propias de cada uno de los integrantes del grupo familiar.
  
     La institucionalización acarrea intrínsecamente toda una serie de sensaciones consustanciales en el devenir de la familia en el centro. Así, nos encontramos habitualmente con sentimientos de culpa, tristeza, aprensión, duda, recelo y ambivalencia. Estos efectos van a mudar a lo largo del tiempo, en relación a tres factores íntimamente imbricados. En primer lugar, y preferentemente, por la información que su pariente les hace llegar sobre su percepción intrapsíquica de satisfacción o insatisfacción; en segundo lugar, por la interiorización que la familia experimenta con la nueva situación y, por último, por la transparencia y las expectativas que se suscitan en el ambiente residencial. Es pues necesario estar atentos a las necesidades y demandas de cada familiar, para así poder prestar todo nuestro apoyo y colaboración. En definitiva, deberemos facilitar la expresión de afectos y crear un clima de comunicación fluido y sincero entre el residente, la familia y los profesionales. Es decir, el objetivo ha de ser que el sistema familiar interaccione con el institucional desde la colaboración y la participación.
   
 
Acción formativa con familias en la
Residencia Sierra del Cuera

      Está suficientemente demostrado que los vínculos familiares moderan la vulnerabilidad de la persona mayor frente a las diferentes situaciones estresantes que tienen lugar en su vida. Incluso algunos autores aseguran que la cantidad y calidad de los contactos disminuyen la morbi-mortalidad (Gallo, J. 2002). En este sentido, nuestra experiencia nos dicta que en los residentes que reciben visitas frecuentes, disminuyen notablemente los desajustes afectivos. Es pues evidente, que la familia adquiere una importancia capital y, no solo para evitar las pérdidas vinculares que se pueden producir en la persona mayor cuando ésta no siente la proximidad de sus parientes, sino también, porque la familia ha de ser objeto de intervención para lograr su integración. Por ello, desde la residencia tendremos que desculpabilizar, formar, capacitar y motivar, para lo cual será requisito imprescindible implantar canales abiertos de comunicación para ofrecer espacios de diálogo abierto y sincero.

     A parte de otras consideraciones, desde un posicionamiento estrictamente gerontológico, el papel de la familia en la residencia ha de ser valorado como principal e insustituible. En ocasiones, se sobreentiende que cuando la persona mayor decide ir a vivir a la residencia, la familia pierde importancia en el cuidado. Todo lo contrario, lo único que cambia es la manera de afrontarlo. De esta manera, nuestra opinión forjada en la experiencia en la atención a las personas mayores que viven en el ámbito residencial, nos demuestra día a día que por encima de cualquier otra consideración, lo realmente definitorio para la adaptación y la plena realización de la persona es el mantenimiento y fortalecimiento de las relaciones familiares. Desde luego, la residencia no debe pretender jamás suplantar a la familia. Al contrario, se han de complementar en el cuidado, respetando sus opiniones y estableciendo, como ya he mencionado, una comunicación sincera, “auténtica”, para ir disipando progresivamente la inseguridad familiar, y para que también se vayan difuminando los prejuicios institucionales hacia el contexto familiar.

       
Elaboración del plan de atención y vida entre
residente, familia, gerocultora de referencia
y psicólogo en la Residencia Sierra del Cuera.
     
     Existen opiniones que partiendo de la imperiosa necesidad de desarrollar programas de intervención con las familias, conceptúan como ineludible “parcelar” los cuidados, distribuyendo responsabilidades. Es decir, los acuerdos, cuando son posibles, establecen y asignan unas determinadas funciones a la residencia y otras a la familia. Mi opinión, es que esta fragmentación de competencias no me parece la más idónea para poder alcanzar una atención integradora. Pienso que, evidentemente, existen áreas en las que la entidad familiar va a ser más apta para resolver determinadas inquietudes, y que en otras cuestiones, será la institución quien pueda solventarlas de forma más resolutiva. Pero solo desde la mutua ayuda se puede ofrecer bienestar a la persona mayor y mejora continua en el modelo de atención y las relaciones.

     Desde estos razonamientos se atisba la reivindicación de que efectivamente, de distintas maneras, pero de forma conjunta y sinérgica, las instituciones familiar y residencial ofrezcan al residente escucha, cariño e interés por su realidad (apoyo emocional), ayuda material (apoyo instrumental), además de favorecer por todos los cauces posibles la continuidad de las relaciones con el exterior (apoyo relacional-informacional).

     Finalmente, creo que las residencias de personas mayores, partiendo del análisis de los sentimientos, las necesidades y las expectativas del núcleo familiar, han de desarrollar las estrategias precisas para poner a su disposición los medios necesarios de ayuda, colaboración y asesoramiento para conseguir su plena integración, a través de la cual, el entorno familiar sentirá paz y sosiego interior, permitiéndole de esta manera seguir sintiéndose importante. Por lo tanto, “abracemos” la singularidad de cada familia considerando que sus aspiraciones y requerimientos van a ser diferentes a lo largo de su estancia en la residencia. No debemos olvidar que el proceso de acomodación de la familia nunca concluye. En una organización que busque el bienestar de las personas no existen puntos finales. 



     

30 de septiembre de 2017

Intimidad y sexualidad en residencias. Por Teresa Martínez


     
     El pasado 22 de septiembre tuvo lugar en Madrid la Jornada “El derecho a la intimidad y a la expresión de la sexualidad de las personas mayores. Eso también es buen trato”, organizada por Fundación Pilares para la Autonomía Personal en  colaboración del Ayuntamiento de Madrid en la que tuve el placer y honor de participar.
     En el marco de esta jornada tuvo lugar la presentación del libro  Sexualidad en entornos residenciales de personas mayores, concebido como una guía para orientar la buena praxis profesional. Este documento es producto del compromiso del equipo investigador, liderado por el profesor de la Universidad de Barcelona Feliciano Villar, con el ámbito aplicado, ofreciendo un documento que incluye elementos para guiar la reflexión y actuación profesional desde el conocimiento científico y la ética. 


     Dedico esta entrada a la difusión de este documento cuya lectura creo que puede ser de alto interés  no solo para  los y las profesionales de los centros y servicios gerontológicos sino también  para las personas mayores y familiares que conviven en los mismos. 
     La protección de la intimidad es un  aspecto  clave en el buen trato y atención de las personas mayores que precisan cuidados. Es un componente clave para hacer efectiva las propuestas del enfoque de Atención Centrada en la Persona,el cual no siempre ha sido suficiente reconocido y explicitado en los modelos que intentan aplicarlo.
     Como señalaba en una anterior entrada de este mismo blog titulada La intimidad en el cuidado ¿un derecho respetado?,  la protección de intimidad parte del reconocimiento de la dignidad de todo ser humano y se fundamenta en una doble dimensión: legal y ética, ambas con importantes implicaciones en el cuidado.  

     Desde una perspectiva ética, la protección de la intimidad guarda una estrecha relación con el principio de autonomía. Parte del reconocimiento de la persona como dueña de su vida y, por tanto, también de su cuerpo y de sus asuntos más privados (salud, creencias, relaciones afectivas, sexualidad, etc.). La intimidad es también necesaria para que las personas puedan actuar en libertad.

    Por otra parte,  la protección de la intimidad precisa de la confianza. Una relación basada en la confianza es algo esencial para acceder a lo más íntimo de la persona sin que ésta se sienta insegura o amenazada. Los y las profesionales y familiares son los responsables de proteger la  intimidad de estas personas, de modo que si no logran generar un espacio relacional desde la confianza, difícilmente se procurará bienestar a la persona, y por tanto, un buen cuidado.

     Todo esto conlleva implicaciones en la atención cotidiana, no solo en  cuanto a la obligación profesional e institucional de articular medidas que protejan de una forma efectiva la privacidad y la confidencialidad de los asuntos personales sino también en relación a la  necesidad de ofrecer un trato cálido cuando se accede a la intimidad de las personas. No hemos de olvidar que el cuidado conlleva entrar de lleno en los asuntos más privados de las personas. La práctica totalidad de tareas y atenciones que reciben las personas en situación de dependencia precisan de la protección de la intimidad. La garantía de privacidad y confidencialidad no basta. El trato cálido es un elemento de buena praxis imprescindible para que la persona, cuando se entra en lo más íntimo de su vida, se sienta segura y bien tratada.


     Como propusimos en la guía Respetando la intimidad, protección y trato cálido (Varios/as autores/as, 20016), el trato  cálido hace referencia a la prestación de apoyos o cuidados desde una interacción personal que se esmera en procurar el bienestar de la otra persona posibilitando que ésta perciba que es estimada desde la escucha, la cercanía y el respeto a su singularidad y a sus preferencias. El trato cálido evita que ante ciertas atenciones o intervenciones que entran de lleno en la intimidad de las personas, éstas se puedan sentir invadidas, amenazadas, incómodas, apresuradas, avergonzadas o humilladas y, en consecuencia, experimenten malestar y sufran.

     Mi apreciación, que compartí en la jornada mencionada, es que en el cuidado cotidiano de las personas mayores  existen algunos “asuntos olvidados” en cuanto a la protección de la intimidad que requieren de una especial atención y de un esmerado abordaje profesional. Uno de ellos es, sin duda, el escaso reconocimiento de la sexualidad y de las distintas necesidades que puedan existir en las personas mayores (obviamente no iguales para todos/as), así como una insuficiente compresión de sus diversas expresiones. 

  
     La sexualidad en personas mayores es un tema tabú,  especialmente en los servicios residenciales, lo que hace que habitualmente sea algo muy ignorado, sobre todo en las personas con demencia y también en quienes viven su sexualidad desde la diversidad. Os recomiendo leer dos colaboraciones escritas en este mismo blog, la de Feliciano Villar titulada Sexualidad en entornos residenciales, una cuestión de derechos y calidad de vida, y la de  Jesús Generelo, presidente de la Federación LGTB, ¿Dónde están los mayores LGTB?.


Tenemos todavía muchos retos pendientes para avanzar en modelos de atención que realmente estén centrados en las personas y que respeten su singularidad y sus derechos. Esperamos que esta guía que habla sobre necesidades  y derechos sexuales de las personas que viven en centros residenciales, humilde en sus objetivos pero clara en sus planteamientos, resulte de ayuda en algunas  situaciones cotidianas, sin perder de vista que cada escenario, como cada persona son siempre únicos e irrepetibles.


Nota: Esta guía cuenta con el apoyo y reconocimiento de las siguientes instituciones: ACRA (Associació Catalana  de Recursos Assitencials); CONJUPES (Confederación Nacional de Jubilados y Pensionistas de España; FELGT (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales) y UDP (Unión Democrática de Pensionistas).