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22 de abril de 2019

El maltrato en residencias de personas mayores. Por Teresa Martínez



La alarmante noticia que en estas semanas ha saltado a los medios de comunicación y redes sociales sobre un caso de maltrato en una residencia de personas mayores de Madrid nos ha conmocionado.

Las duras imágenes grabadas en vídeo que hemos visto nos muestran la crueldad que el ser humano puede albergar y volcar ante personas indefensas que necesitan ser cuidadas por otros.

Un suceso que está generando opinión en los distintos actores y ante el cual están surgiendo propuestas diversas para evitar, controlar y actuar ante estas situaciones.

Sin duda, hace falta intervenir. Pero hemos de hacerlo desde una mirada reflexiva amplia que no se quede en aspectos parciales obviando la complejidad de este asunto.

Un lamentable hecho que sin ser representativo del cuidado residencial, apela no solo a la compleja naturaleza del ser humano, donde convive lo más noble y lo más abominable, sino a la necesidad de revisar en profundidad el actual modelo de atención en estos centros.

La Organización Mundial de la Salud ha realizado distintas manifestaciones al respecto. Concretamente en la Declaración de Toronto (2002) se propuso una definición sobre el mal trato en personas mayores que ya se ha convertido en referencia. Según esta definición, el mal trato a personas mayores es “la acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que causa daño o angustia a una persona mayor y que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza”.
El maltrato incluye distintos tipos de actuaciones, entre los cuales cabe citar el maltrato físico,  el psicológico,  el sexual, el económico y la negligencia o abandono. Todos ellos pueden darse tanto en el ámbito familiar como en el ámbito profesional o institucional. Dentro de ellos, el maltrato psicológico, que ya ha sido tratado en este blog en el post que escribió Sacramento Pinazo es complejo, puede ser muy sutil y, por tanto, el más difícil de identificar y constatar.

En este post intentaré destacar algunas de las cuestiones principales que considero deben orientar la necesaria reflexión que ahora nos ocupa.


El maltrato en instituciones, un fenómeno complejo y grave pero todavía poco conocido

El maltrato a personas mayores en instituciones es un fenómeno poco documentado. La mayor parte de los trabajos de investigación se han centrado en el maltrato en el ámbito familiar. Quizás el motivo principal es la falta de cooperación de los centros para  abrir sus puertas a un asunto hacia el que, por muchas y variadas razones, vale más no mirar.

En España no se han publicado hasta la fecha estudios sobre al mal trato a personas mayores en centros. Las investigaciones realizadas en otros países, tomando como referencia el artículo publicado por Sacramento Pinazo (2013)  llegan a la conclusión de que entre el 11% y el 91% de los profesionales en las residencias han observado incidentes de maltrato físico, psicológico o negligencia llevado a cabo por otros profesionales y entre el 2% y el 87% admite haber realizado estas conductas (Pillemer y Moore, 1989, en USA; Saveman, Astrom, Bucht y Norberg, 1999, en Suecia; Goergen, 2001, en Alemania; Malmedal, Ingebritsen y Saveman, 2008, en Noruega).

Que no tengamos datos  de nuestro país no quiere decir que no exista. Los hechos recientes hablan por sí mismos. Como bien señala la experta en este tema Mercedes Tabueña, aunque se desconoce la dimensión real del problema, nos encontramos ante un fenómeno complejo, multifactorial, serio y muy grave.



No es cuestión solo de unos cuantos “garbanzos negros”


Tomando como referencia la revisión realizada por Gema Pérez y Alejandra Chulián (2013), cabe citar un amplio listado de factores que distintos estudios han identificado como predictores de maltrato institucional:

-          La no existencia de una política de prevención en la institución de los malos tratos(NCEA, 2005)
-          La mala organización del trabajo (Buzgová y Ivanová, 2009)
-          La normativa del centro (Buzgová y Ivanová, 2009; CGPJ, 2009)
-          La escasez de personal (Natan, Lowenstein y Eisikovits, 2010; Buzgová y Ivanová, 2009; NCEA, 2005; Goergen, 2001; Clough, 1999)
-          La alta rotación del personal (Natan, Lowenstein y Eisikovits, 2010; NCEA, 2005; Clough, 1999)
-          La inadecuada selección de los empleados (NCEA, 2005)
-          La falta de controles e inspecciones (CGPJ, 2009)
-          La cultura de la institución  (NCElA, 2005)
-          Las bajas laborales  (Clough, 1999)
-          La falta de supervisión (Clough, 1999)
-          El alto número de residentes en el centro (Jogerst et al., 2006; Lowenstein, 1999)
-          La falta de tiempo para la atención de los mayores (National Center on Elder Abuse, 2005
-          Directores poco profesionales (National Center on Elder Abuse, 2005; Clough, 1999)
-          Un diseño ambiental  no adaptado a las necesidades de las personas mayores (CGPJ, 2009; National Center on Elder Abuse, 2005
-          Los problemas personales de los trabajadores y el  burnout (Natan, Lowenstein y Eisikovits, 2010; Pillemer y Brachman-Prehn, 1991)
-          La falta de formación (Schiamberg et al., 2011; Buzgová y Ivanová, 2009; CGPJ, 2009; National Center on Elder Abuse, 2005)
-          La falta de vocación (Tellis-Nayak y Tellis-Nayak, 1989)
-          Presiones en el trabajo (Pillemer y Brachman-Prehn, 1991)
-          Haber sido testigos de malos tratos por otros trabajadores y creer que es una norma social de la institución y que ese trato es esencial para la integración en la cultura organizacional (Natan, Lowenstein y Eisikovits, 2010; Payne y Cikovic, 1995)
-          Carga de trabajo (Schiamberg et al., 2011)
-          Ser agredidos por los residentes (Astrom, Karlsson, Sandvide, et al., 2004)
-          El alto consumo de alcohol (Clough, 1999)






Este y otros trabajos evidencian que los factores de riesgo de maltrato en instituciones son diversos y ponen de manifiesto la complejidad del tema. Un fenómeno que no puede ser comprendido solamente desde los factores individuales porque también existen otros de índole organizacional vinculados a la cultura de la institución, que inciden en la aparición de estas conductas y que, en cierto modo actúan como desencadenantes o facilitadores de la deshumanización y del mal trato.

No podemos llegar a la conclusión de que el maltrato es atribuible en exclusiva a la maldad del ser humano o de “unos cuantos garbanzos negros”. Por tanto, el objetivo no debe limitarse a identificar/controlar/eliminar a los “profesionales perversos”. El maltrato institucional tiene que ver también con los modelos de atención y organizativos existentes en los centros.


Avanzar hacia modelos residenciales comprometidos con el Buen Trato y Tolerancia Cero al trato inadecuado

Nuestra obligación como responsables, públicos y privados, como profesionales, como familiares y como usuarios de los servicios es no dejar sitio a la mala praxis. Incluso cuando ésta se considera de baja intensidad o se tiende a justificar como algo normal o irremediable.

Esto puede lograrse avanzando hacia el compromiso con la cultura del buen trato, defendiendo la Tolerancia Cero a todo lo que no lo sea, teniendo claro que las competencias técnicas/procedimentales deben integrarse y supeditarse a las competencias relaciones y éticas. Para ello es necesario un enfoque reflexivo en los equipos y definir con claridad cómo se concreta el buen trato en la práctica cotidiana.

Creo que es la mejor forma de abordar un tema tan grave y complejo como el que lamentablemente estos días nos ocupa.




Ciertamente no podemos pensar que el maltrato es algo habitual en los centros residenciales. No debemos generar una desconfianza general hacia los centros residenciales ni a sus responsables y profesionales.

Sin embargo, si de este caso debemos aprender algo, es que algunos centros pueden llegar a convertirse en lugares de alto riesgo para un trato inadecuado y, poco a poco,  ir propiciando un caldo de cultivo ideal para actuaciones de mal trato de diversa intensidad y tipología. 

La intervención debe ser global y multinivel, y a ser posible, temprana.  Implicarse con el Buen Trato significa conocer y promocionar prácticas (técnicas y relacionales) que respeten a la persona mayor, que la consideren un sujeto de dignidad y, por tanto, con derecho a ser considerada, respetada desde su diferencia y  sus valores individuales.

Para evitar la peligrosa normalización de la praxis inadecuada (que no es otra que la que se aleja del buen trato) debemos intervenir apostando y haciendo efectiva una cultura ética del BUEN TRATO en los cuidados, en diferentes niveles y atendiendo a distintos aspectos. Señalo, seguidamente, algunos que considero de especial relevancia.

  
a) En los profesionales individuales. Cuidando su selección, acompañándoles en su llegada al servicio y supervisando el correcto desempeño de sus cometidos. Apoyando su formación y dándoles asesoramiento. No escatimando en recursos materiales ni en el tiempo necesario para ofrecer un cuidado integral (que no solo tiene que ver con la asistencia física y sanitaria).

    b) En los equipos. Logrando un compromiso grupal de tolerancia cero al trato inadecuado. Asumiendo una responsabilidad compartida con el buen trato y posicionándose con claridad frente a todo lo que del mismo se aleje en las prácticas cotidianas.

   c)  En los responsables de los centros. Seleccionando directores/as y responsables o coordinadores de unidad o planta que sean auténticos ejemplos, líderes, apoyos y difusores del buen trato. El director/a y los mandos intermedios son figuras clave para desde un liderazgo transformacional y compartido, generar equipos comprometidos con el buen hacer.

d) En el centro u organización. Concediendo importancia a la formación reflexiva, a la mirada ética en la definición de la calidad asistencial, a la supervisión desde el apoyo de los profesionales. Dando tiempo para ello sin pensar que esto es un lujo sino la inversión que el centro precisa para evitar malas praxis apostando por una calidad centrada en las personas.

    e) En las personas mayores. Informándoles de sus derechos y de sus deberes. Dándoles poder sobre su vida cotidiana y apoyando su participación en su atención. Dando respuestas a sus problemas yendo más allá de la justificación y el amparo en el cumplimiento de la normativa vigente.

    f) En las familias. Acogiéndolas como colaboradores en el cuidado. Fomentando y posibilitando cauces formales para que participen en el centro. Escuchando y dando respuesta a sus preocupaciones. Evitando etiquetarlas de "familias conflictivas" cuando nos hacen llegar sus críticas. Actuando con transparencia. Convirtiéndolas en aliadas de una cultura de buen trato.

f   g) En los responsables del control público. Adquiriendo un firme y decido compromiso con el impulso del  buen trato y con la mejora del actual modelo residencial. Llevando a cabo evaluaciones de la calidad de la atención que vayan más allá del cumplimiento de las obsoletas normas centradas en el papel más que en las personas.




Según vemos, tratamos




Dentro de este abordaje global y multinivel, un aspecto esencial es la mirada (consideración) a las personas mayores y, especialmente, a quienes precisan cuidados por su situación de dependencia.


El trato inadecuado procede del no reconocimiento de la dignidad (el valor intrínseco que tiene todo ser humano) en la persona mayor que necesita cuidados.  La desconsideración o falta de respeto parte de la ceguera hacia el valor de las personas. Porque solo podemos tratar bien aquello que apreciamos, solo podemos cuidar bien a quien otorgamos valor. 

Si vemos solo cuerpos, si solo nos centramos en el deterioro, en la enfermedad, en la dependencia, en las alteraciones, en la carga o en la falta de competencia será muy difícil que tratemos  a las persona con aprecio y consideración. Quizás, el hecho de llegar a sentirnos víctimas de la carga laboral puede hacernos reaccionar con ira y menosprecio hacia las personas que infravaloramos. Porque según vemos, tratamos

Por ello hemos de dar importancia a la mirada, a aprender a mirar y reconocer el valor de las personas, especialmente cuando éstas tienen un deterioro cognitivo avanzado. Una mirada que difícilmente puede activarse y cultivarse en los y las profesionales si la propia organización no la tiene, la lidera y la alimenta.



El control por parte de las administraciones públicas

Este duro y lamentable suceso también debe llevarnos a la reflexión  sobre cuál debe ser el objetivo prioritario de las inspecciones que se realizan en los servicios por parte de las administraciones públicas.

Las inspecciones deben cumplir un doble objetivo en los centros: el control de las condiciones exigidas y la orientación hacia la mejora.

Es muy difícil poder llegar a constatar en un acto de inspección la existencia de mal trato. Sin embargo, si ampliamos el zoom hacia la evaluación de la calidad, yendo más allá de la norma y de la comprobación de papeles, sí es posible identificar  y reforzar los elementos clave para el buen trato así como la ausencia de los mismos y alertar del riesgo de un trato inadecuado.

Desde esta mirada a la evaluación es posible advertir, asesorar y acompañar a los servicios hacia un compromiso con la promoción del buen trato.

Todo un reto para las administraciones públicas y para los actuales servicios de inspección que todavía permanecen presos, como ya he comentado con anterioridad en este mismo blog, de normativas más centradas en el papel que en las personas.


Cámaras en las residencias ¿es la solución?

No lo creo.  Es más, me alarma escuchar que esta alternativa toma peso en el sector residencial como respuesta al maltrato. Una medida que choca con algunos valores implicados en el buen trato. Me referiré a los principales argumentos que cuestionan, desde una perspectiva ética, el uso de estos dispositivos en los centros.

En primer lugar, no se puede ignorar que instalar de una forma generalizada cámaras en las residencias  limita la intimidad de las personas, aun cuando éstas sean autorizadas por las personas mayores o sus familias. Una medida que aunque tenga cobertura legal supone una intromisión importante en la privacidad de las personas y en su vida cotidiana.  Lo legal no es lo mismo que lo ético, incluso en ocasiones puede confrontar con ello.

En segundo lugar, porque vivir entre cámaras no parece facilitar las relaciones basadas en la confianza. Y el buen cuidado, el buen trato, se caracteriza fundamentalmente por construir relaciones interpersonales basadas en la confianza, entre quienes cuidan y quienes reciben los cuidados (personas mayores y familias). Difícil lograrlo con cámaras por medio.

En tercer lugar porque señala negativamente al conjunto de profesionales que cuidan de las personas mayores. Genera una duda injustificada sobre ellos y ellas, lo que no parece un buen ingrediente para generar compromiso y apelar a la responsabilidad técnica y moral sobre el buen hacer de quienes dispensan cuidados.

El necesario control sobre un correcto desempeño de la labor profesional de quien presta cuidados debe hacerse desde el apoyo, la formación y el acompañamiento. La propia organización debe liderar modelos de buen trato donde el trato inadecuado no sea admisible y, por supuesto, siendo inflexible ante quienes transgredan ciertos límites.

Seguramente habrá quien ahora esté pensado que esto es bonito, pero que es utópico, que es imposible. Habrá quien vea y defienda la instalación de cámaras como un mal menor. Pero cuidado con pensar que es una buena solución, ya que no es una medida inocua al poner en riesgo otras cuestiones también importantes en el buen trato.


La necesidad de dignificar la profesión de cuidar 




Para finalizar este post quiero destacar con firmeza que la cultura gerontológica del buen trato requiere de buenos profesionales, formados, comprometidos, implicados, pero también apoyados y reconocidos. Porque son personas las que cuidan a otras personas.

Muchos y muchas profesionales están sin duda en este compromiso. El sistema actual, sin embargo, lo pone difícil. Las ratios escasas, los sueldos bajos, una formación todavía muy centrada en la patología y en cuidados asistenciales, la insuficiente consideración social y algunas organizaciones corto-placistas que priorizan por encima de todo el beneficio económico sacrificando otros valores, ciertamente no facilitan este compromiso.

Es necesario dignificar la profesión de cuidar, y especialmente de quienes acompañan de un modo continuado, los y las auxiliares o gerocutores/as, indispensables para una atención personalizada. La responsabilidad implícita en el cuidado de otras personas es siempre alta y la profesionalización que ello requiere también. Para ello se necesita tener, desarrollar y mantener distintas competencias, como ya se ha dicho competencias técnicas pero fundamentalmente relacionales y éticas. Esta profesión requiere de exigencia y compromiso pero también de apoyo y reconocimiento (a distintos niveles, incluido el económico).

Espero que este tristísimo suceso sirva, al menos, para generar reflexión y activar planes de acción bien fundamentados que contemplen la complejidad de la buena atención residencial, que no puede ser otra que la que ponga en el centro a las personas (personas mayores, familias y profesionales) respetando su dignidad.

Para acabar, quiero felicitar una vez más a los y las profesionales, servicios, centros, organizaciones e instituciones que avanzan con autenticidad, compromiso y rigor hacia lo que a mí me gusta llamar “Organizaciones amigas de las personas”. Un término que pretende alinearse con los movimientos y propuestas de entornos amigables con las personas en el que distintas entidades de reconocido prestigio, como la propia OMS,  difunden para señalar la necesidad de planificar e integrar actuaciones globales que ponen en el centro a las personas para mejora la calidad de vida de éstas y lograr entornos sociales de mayor integración social y, por tanto, más justos.

Afortunadamente, cada vez existe mayor consciencia y evidencia de que apostar por modelos de atención centrados en las personas es el mejor camino para prevenir el maltrato y para permitir que las personas (personas mayores, familias y profesionales) convivan en espacios de bienestar común donde se respete su dignidad, sus derechos y sus valores individuales.




12 comentarios:

Fer y Jose dijo...

Hola Teresa, somos Jose y Fer dos chicos con diversidad funcional que residimos en un centro estatal del IMSERSO.
Queremos decirte que tus palabras tienen una lógica aplastante, que debería ser norma lo que dices, no solo aplicado a centros de mayores si no a personas con alguna discapacidad donde por nuestra propia experiencia te podemos decir que existen prácticamente los mismo problemas. El mayor problema la falta de recursos y personal, el dichoso dinero hace que la atención no sea como debiera aunque ni mucho menos podemos centrar los problemas sólo en eso. Para Jose y para mi el trato directo con el/la cuidador/a es fundamental y no siempre es todo lo "sano" que debería.
Un abrazo y estaremos pendientes de tus nuevos artículos.

acpgerontologia dijo...

Gracias Fer y Jose por compartir vuestra opinión sobre este tema tan importante. Seguro que los entornos residenciales para personas que necesitan ayuda de otros se parecen. Es fundamental que quienes recibis servicios seáis los motores principales de la cultura por el buen trato. La relación interpersonal entre quienes cuidan y reciben cuidados es esencial y debe ser cuidada por ambas partes. Un abrazo y gracias por formar parte de este espacio y esta discusión.

Javier Bendicho dijo...

Gracias Teresa por tus reflexiones. Cuidar de los demas deberia ser de los trabajos más reconocidos y valorados. Decidir trabajar ayudando a otros es un ejercicio de solidatidad, que pone a ia luz lo mejor del ser humano. Pero no le damos valor.. no tiene reconocimiento social, es la escala profesional menos valorada, muy mal pagado, la mayoria de las veces una posibilidad laboral de descarte, pocas veces vocacional. Todo nuestro reconocimiento a esa gran labor de la mayoría de los profesionales del sector. Tambien hay que hablar de lo que se está haciendo bien, sobre todo en los massmedia y huir del sensacionalismo como norma. Y reivindicar el buen trabajo es dignificarlo. Nos falta cultura del cuidado, y cada vez mas seremos una sociedad de cuidados. Y mucha informacion y formación. Por eso, gracias una vez mas por las aportaciones que remueven conciencias, o por lo menos nos ayudan a reflexionar sobre que sociedad tenemos y queremos.
Un abrazo
Javier

acpgerontologia dijo...

Gracias a ti Javier por compartir tus consideraciones. Muy de acuerdo con la necesidad de reconocimiento de los y las profesionales del cuidado. Además es imprescindible un firme compromiso con la toleranc cero al trato inadecuado, es necesario posicionarse en el día a dia y las organizaciones deben también cuidar esto. Un abrazo!!

Anónimo dijo...

Genial el escrito!!! Este escrito le conviene leerlo a mi Director,coordinadora de enfermería y a la psicologa del Geriatrico de Linares(Jaén) verdaderamente es fundamental que el personal este cualificado y no menospreciar como se hace a menudo al ATCE y cargarlos a ell@s con todo, somos el personal más quemado,por el gran peso fisico y psicologico al que estamos espuestos.

Anónimo dijo...

Gracias por tu escrito, esto se lo tendría que aprender mi empresa y la directora del centro, por hacer bien mi trabajo, me están haciendo la vida imposible, de hecho me denuncian por cambiar el pañal a una usuaria, aun estando con sus necesidades hechas en en pañal, por cambiarla fuera de horario y nadie hace nada, lo denuncie, y pasan inspecciones, pero no ven nada y tienen que levantar la mano, además de ser abisados

M Ángeles Romero Valverde dijo...

Estupenda reflexión, pensando en el bienestar de nuestros mayores, pero me reitero q debería de ser una profesión vocacional, se evitaría casos lamentables como hemos visto reciéntemente

Jaume dijo...

Le hago el comentario en dos partes porque no me lo acepta en una sola.
Primera parte:

Quien no puede estar de acuerdo con su análisis? Pero permíteme que sea muy pesimista en la solución a un problema que como bien señala esta bien identificado en estudios (algunos con más de 20 años de antigüedad) que señalan factores predictores de maltrato institucional, pero no avanzamos.
Desde mi modesta experiencia profesional respaldada en más de 35 años de servicio como auxiliar geriátrico en una residencia pública de la Generalitat de Catalunya, como formador en técnicas de movilización y evaluador estatal de competencias profesionales adquiridas a través de la experiencia laboral me llevan a asegurar que las necesidades que requieran las personas que ingresan en un centro, el respeto y la consideración serán atendidas y cubiertas no ya por la preparación técnica del personal que los atenderá (muy importante también) ni por sus instalaciones y medios técnicos, ni por lo acogedor o bonito que sea el centro, , sino por la suerte que tengan los que ingresan en un centro geriátrico de encontrar al frente del mismo un equipo directivo que se preocupe por las personas, que sea exigente con los procedimientos y con el trabajo de los profesionales que han de atender a los usuarios, relegando a un segundo plano las cuestiones administrativas, los registros, los controles o encuestas de satisfacción más pensadas para adornar su gestión y satisfacer normativas que básicamente sirven para enmascarar falta de compromiso con lo esencial, la persona ingresada y quien los atienden, los trabajadores.
He tenido durante mis años de trabajo diez directores de los cuales seis fueron religiosas y cuatro civiles, solo cuatro de ellos (dos religiosas y dos civiles) supieron priorizar las necesidades de las personas ingresadas y transmitir esa necesidad a la gestión del servicio y a sus trabajadores para que trabajaran la tan nombrada ACP (atención centrada en la persona) que cuando yo empecé en los años 80 no se conocía, pero a mí me dijeron que mi función era respetar, conocer, comprender y atender las peticiones de personas que cambiaban su hogar por el nuestro. Hoy en los centros se habla mucho de ACP un objetivo de atención bien intencionado que en la práctica del trabajo diario se olvida con demasiada facilidad. Solo cuatro de las diez direcciones fueron capaces de no olvidar y transmitir que lo importante era conocer a la persona, las otras seis estuvieron más preocupadas en la normativa, en su tranquilidad y en el continente más que en el contenido, sin empatía ni compromiso, ni con residentes ni con trabajadores, caldo de cultivo perfecto para una baja calidad en la atención prestada muy alejada de la tan nombrada ACP.

Jaume dijo...

Segunda parte:

En cualquier caso la culpa es de quien designa direcciones con un bajo nivel técnico en Geriatría o Gerontología y pone al frente a gestores administrativos que desconocen la función básica que tiene una residencia de ancianos, que no es otra que facilitar que las personas que ingresan sigan siendo personas con sus deseos, sus derechos y su personalidad propia y no como un elemento más que da sentido a un centro o servicio que se pone en un nivel superior al de la propia persona que ha de atender.
Direcciones capaces de motivar, reconocer o premiar el trabajo de los trabajadores que se comprometen y de exigirles ese compromiso a los que no lo tienen, entender y valorar que atienden a personas y que eso desgasta muchísimo, entender que no tratan con objetos o papeles trabajan con personas y necesitan la empatía y la valoración de quien los dirige. Durante mis años de servicio he visto como aquellas direcciones que saben lo que llevan entre manos sacan lo mejor de sus trabajadores porque tienen clara la idea de lo que es un equipo y un centro, donde el compromiso la profesionalidad y la responsabilidad suman en beneficio de las personas ingresadas, y direcciones que han menospreciado esos principios porque les puede la soberbia del cargo, consiguiendo frustrar y desmotivar a trabajadores o equipos muy comprometidos con su trabajo.
Lo sucedido en la residencia los Nogales de Hortaleza de hace unas semanas escandaliza mucho a una sociedad que cree que eso es algo aislado, los que trabajamos en residencias sabemos que eso no es tan aislado, como también sabemos que cuando se produce una actuación inapropiada de alguien, esta no se castiga casi nunca con la contundencia merecida y que lo que predomina es silenciarla no sea que llegue a la opinión pública comportando el desprestigio del centro y la visualización del poco control que ejerce la administración sobre un sector que no hace ruido.
Con este panorama y con la experiencia vivida durante tantos años de servicio, yo si he sacado una conclusión y es que no me gustaría ingresar en una residencia geriátrica a la que no se le exija preparación y profesionalidad a las direcciones ni a sus trabajadores, donde no se penalice el no cumplir las ratios, donde el foco no sea preservar y respetar la esencia de la persona ingresada y eso hoy es lo que predomina. Hay mucho por mejorar y poco interés de quien tiene el deber de mejorarlo e exigirlo.
Mi pesimismo se ha ido construyendo sobre una hoja de sierra, viviendo como lo que avanzábamos en el respeto y consideración de la persona se lo cargaba una nueva dirección en un plis plas y vuelve a empezar… eso quema y desmotiva, lo siento.

Anónimo dijo...

He trabajado durante muchos años en geriátrico...privado...Era de los mejores,pero aún así habría que mejorar y corregir muchas cosas y aspectos...
Falta de personal...falta de medios..por ejemplo..una grúa defectuosa para 5 plantas...
Los mismos coordinadores no realizaron el papel que ello conlleva...
Pasaban de todo ò casi todo
Lo que importaba era que la planta saliera..
Las auxiliares...con la soga al cuello..a cien por hora..
Los residentes..pagan bastante para ser atendidos. .todo a cien por hora...por qué no se invierte dinero en ello?...es penoso que funcionen así las cosas...
Habrá que pensar en otros métodos para cuidar de nuestros queridos mayores...SÈ..que no se va a arreglar escribiendo o dando consejos...es decir,existe y ha existido un problema...Son un estorbo nuestros mayores?..por qué ofertan y venden..lo que no pueden dar?..servicio espléndido...atención primordial..y lo mejorcito...aquí. allí y donde cuadre...
Seremos pocos..pero estaremos de acuerdo en que esto es un problema muy muy grave.
No se puede consistir...quien nos puede salvar?...que me espera cuando sea más mayor y tenga que estar asistida por personal de las residencias....por favor,que no fracase el interés por mejorar estas situaciones....que Dios nos coja confesados.

eva dijo...

El artículo genial y todos los profesionales o entendidos en la materia escriben y escriben, pero en realidad no hacen nada.
Se necesitan profesionales con vocación (pues no sé) qué tengan unos conocimientos de como cuidar a personas dependientes, profesionales en mayúscula no con cualquier curso de 20h, una vez qué solo haya profesionales en el sector es cuándo ya se puede empezar hablar del resto del
listado de factores que distintos estudios han identificado como predictores de maltrato institucional.
Menos escritos y más hechos dentro de las politicas sociales respecto a las residencias privadas.
Desde cuándo se está diciendo qué en las residencias solo podrán trabajar técnicos de personas dependientes o auxiliares de enfermeria???.
Pués nada estamos en el 2019 y seguimos con lo mismo, luego salen a la luz estos casos y todo el mundo se hecha las manos a la cabeza.
Otro asunto sería las plazas concertadas pasan a manos de los grandes grupos qué solo les interesa los beneficios ellos solo ven números no les importa el bienestar de los usuarios y menos el de los trabajadores y así vamos, pero nada seguir escribiendo qué algun día se arreglara el sector.
Auxiliar en residencia privada.

Unknown dijo...

Me gusta tu escrito y estoy de acuerdo en los comentarios de que los auxiliares son los más quemados por ese trabajo que desarrollan con las personas mayores y personas dependientes. Pero si te gusta ese trabajo debes ponerte en su lugar y respetarlos y cuidarlos como a ti mismo te gustaría que lo hicieran.Por que ante todo son personas que, por las circunstancias que sean,dependen de otros para seguir viviendo de la manera más digna posible .